KILLL, BARBIE, KILLL!!!

 

Autor:  Antonio Capurro

E-Mail: toniuz@yahoo.com


 

Siempre había coleccionado todo o casi todo lo referente a la bella muñeca de plástico, a la más light, inn y cool del mundo; a la que cualquier niña  prefería por encima del resto. Porque el resto era puro desecho y Barbie, Barbie era la dolly magnifica. Es mas, su abuela, su madre, sus hermanas, su esposa y, por supuesto, su hija adoraban también, aunque no tanto como él, a la fría e imperturbable Barbie cuya sonrisa nunca se le borraba de aquellos labios perfectamente delineados.

Pero en la familia no podía faltar las apariencias y en el pasado, para mantener el orgullo de los supermachos, él simuló seguir los pasos de su papá, pues nunca jugaba con muñecas al menos en su presencia. De lo contrario mil latigazos marcarían su delicado trasero. Nadie conoció de su valiosa colección, solo el cuyo ultra super archi secreto conservo celosamente guardado en la vieja casona  familiar deshabitada hacia diez años, la misma  que pronto seria vendida para dar paso a la neo modernidad.

Él y barbi casi tenían la misma edad y del mismo modo cultivaban un regio físico. Compartían además, muchas cosas en común: el pelo rubio aunque en el sin aquel tono platinado, los ojos tan azules como un cielo libre de  smog, la nariz respingada susceptible al menor indicio de incómodos olores; y los  brazos y las piernas muy largas. Claro, él con algo mas de carnes que ella, aunque sin exagerar demasiado. Se diría que eran evidentes las similitudes; al menos eso lo creía él, excepto por una pequeña gran diferencia: el sexo a Barbi no se le abultada entre las piernas.

Con el paso de los años él tuvo que reprimir su más profundo yo, un yo sólo liberado de las cadenas de su opresión en sus  más osadas fantasías y sueños  cuando se convertía en Barbi, la muñeca original made in Usa con sello anticopia pirata y código de barras. Para colmo de las contradicciones, las casualidades, el destino o el azar un nexo íntimo lo unía con Barbie: él , que anoraba ser  una ella, se llamaba Ken. Y así lo confirmaban el pasaporte, la  visa, la tarjeta de crédito y el acta de nacimiento: Ken Klaus Inhoff Del Mar, mitad alemán , mitad peruano.  Género masculino,  deseo femenino. Ken no quiere ser Ken sino Barbi, una Barbie amada por un Ken de verdad, uno que lleve el pene bien puesto no como  el inexistente en el novio de su querida amiga.

Padre  amoroso, hijo ejemplar, esposo modelo, hermano maravilloso y mujer dormida. Ken al mediodía,  un  bussines man de portada de revista, Ken a la medianoche, una call girl len el espejo de la vieja casona. De las cajas de cartón, Ken ha sacado su invalorable tesoro infantil,  aquel que nunca se cansa de admirar en las noches en que deja de ser el para mutar a la mujer ansiosa por salir de la oscuridad. En esos momentos Ken ya no es Ken, su elegante traje cae al piso de madera y en su lugar nace la chica nocturna.

Su desnudez es cubierta por atractivas y cortas prendas de un color rojo ardiente igual que sus labios. El ritual de vestirse le exige sumo cuidado y extrema delicadeza para colocar cada protuberancia   extra en su correcto sitio. Un poco por arriba, otro por abajo. Tetas adelante, nalgas  atrás Ninguna estratégica zona es descuidada por la nueva Barbi que poco a poco va tomando las  curvas de una muñeca fuera del catalogo.

Esta noche Ken se siente totalmente hembra para meterse en la cama con el único hombre al que ama desde hace cinco anos, el hombre al que ve salir y entrar de su despacho de lunes a viernes, aquel que le hace palpitar el corazón muy acelerado y le mira tan profundo a los ojos cuando quiere convencerlo de sus ideas. Germán es el hombre,  la mano derecha de Ken, juntos forman un dúo implacable en los negocios.  Germán propone, Ken decide. Pero Ken ha llegado al punto de no retorno, ya no sabe que hacer para controlar esas ganas locas de tocarlo de besarlo de decirle cuanto lo ama, esta enamorado como nunca en su vida y es las noches cuando duerme junto a su  esposa al menos le queda el  sueno  para ser feliz y dichoso.

Ken no recuerda como fue que se enamoro de quien menos lo esperaba, quizá las interminables horas de trabajo elaborando estrategias de mercado, proyectando cifras ascendentes o estudiando los índices de la oferta y la demanda permitió un mayor acercamiento que devino   en mutua confianza y en una buena amistad. Ken ha visto a Germán desnudo no solo en sus fantasías sino en los camerinos del club, en el sauna, en las duchas y hasta en el bano de su residencia. Y Ken se ha enamorado del cuerpo velludo de Germán, de sus estrechas caderas, de  sus anchos muslos, de sus abultadas pantorrillas, de sus fuertes bíceps, de    sus marcados pectorales, de su grueso cuello, de esa recia y proporcionada virilidad que su platónico amado protege bajo unos cenidos boxes. Germán  es el hombre perfecto para Barbi  y ella quiere pertenecerle por entero.

Para  Barbi ya no hay marcha en reverso, lo ha planeado todo  sin dejar ningún cabo suelto. Su cita con Germán es a la medianoche en la casona. Luego de un mes de conversaciones en el ciberespacio, de llamadas eróticas, de fotos, maquilladas por ordenador, de emails calientes y de regalos sorpresa llegaran a conocerse. Aquella  Barbi del chat y de unas letras tipeadas en el frío monitor de una computadora pasara de la realidad virtual a la realidad en carne propia. Ahora faltan diez minutos para la hora señalada. Ken  conoce de la puntualidad de Germán asi que después de bajar las escaleras  con le propósito de verificar las    flechas colocadas desde el portón de entrada indicando la ruta hacia la recamara principal, vuelve a subir para esperarlo de espaldas al tocador sentada en un cómodo banquillo arreglándose las medias de encaje.

Cuando Germán llega y estaciona su carro frente a la casona puede desde allí divisar la luz encendida en el segundo piso. Está muy excitado, a nadie le ha comentado sobre su extraña cita con la enigmática mujer del ciber espacio llamada Barbi. En una mano trae consigo un presente para ella, el que mejor ha encontrado: una muñeca Barbi de antología. Al poco rato avista la primera señal y entra cruzando el amplio jardín bordeado por altas poncianas y una acera de viejas mayólicas empedradas. El fresco aire de la noche acaricia suavemente el impasible rostro de Germán. Su   paso es firme y decidido, aunque vaya por terreno desconocido. La incertidumbre abre paso a una creciente ansiedad, ansiedad que únicamente acabara cuando vea a Barbi. En la puerta de acceso a la  casona otra flecha mas con el diseño de unos labios y la firma de su chica virtual le indican que va bien.

Una vez adentro de la casona, algunas velas alumbran el espacioso vestíbulo sobre cuya  mesa de centro donde  Germán halla un llavero, el cual procede a guardar en el bolsillo de sus pantalones. “Si que los has sabido hacer, Barbi. Tengo unos locos deseos de hacerte el amor”, piensa Germán subiendo las escaleras. Cuando llega al último peldaño se topa con dos corredores extendiéndose a izquierda y derecha. De inmediato se percata que de la última habitación a su diestra emerge una luz por debajo del umbral. Caminando lentamente llega hasta la puerta, gira la perilla y no pasa nada. Oye unos pasos  de tacones y enseguida el silencio. “¿Qué estará haciendo allí, acaso preparándose para darme una sorpresa?”, se dice dando uso al manojo de llaves que tras cuatro intentos le permite entrar al recinto.

-¿Barbi?.- llama Germán en medio de la penumbra iluminada a medias por los faroles tenues del jardín. Avanza hacia la cama en la que no encuentra más que un espejo de mano y un lápiz labial.

         Inesperadamente de un lado del ventanal emerge Barbi casi como una figura etérea.

-Aquí me tienes.- dijo con ese tono sensual ensayado mil veces.

         Germán deja los objetos y  clava su mirada en la impactante mujer frente a él. Vuelve a coger el paquete depositado en la cama y se acerca a ella.

-He traído este pequeño regalo. Espero que te guste. ¡Ábrelo!.- dijo entusiasmado.

         La semioscuridad ayuda a que el momento posea cierta aura de misterio. Ninguno quiere encender la luz ni Barbi que está complacida por el presente, ni Germán que está excitado con aquella extraña belleza rubia.

-Es hermosa.- dijo con verdadero brillo en sus ojos.- No pudiste haber escogido mejor. Es una Barbi estupenda. ¡Gracias, Germán!

-Mi Barbi que tengo enfrente es la única, es la real.- le galantea recibiendo un beso en el rostro, a lo cual él corresponde sujetándola por la cintura.

-Llegué a pensar que no vendrías a nuestra cita. Es normal sentir miedo ante lo desconocido.

         Acaricia su espalda, frota suavemente su cuello, huele ese cautivador perfume sin imaginar la falsedad de aquellos artificiales encantos. Enrosca su boca a la de Barbi embriagándose en su aliento, parecen dos animales salvajes de voraz apetito.

-Contigo aquí ¿de qué podría tener miedo?.- dijo posando sus dedos entre los labios húmedos de Barbi.

         Volviendo al mismo tema agregó:

-Pude no haber satisfecho tus requisitos. A fin de cuentas una cosa es tipear unas letras, hablar por teléfono  y ver unas fotos no?

         La abraza más fuerte.

-¡Olvídalo! ¡No creas que voy a irme, nena!

         Ken lleva una gran lucha interna. Sabe que en cualquier momento el sueño de hadas se convertirá en cenizas, cuando le revelé a Germán la verdad. Pero aun así está decidido a continuar adelante porque conserva una débil esperanza en que la acepte tal y como es él.

         Deja la Barbie sobre la cama con bastante delicadeza. Luego, regresa al lado de Germán y le pregunta con voz coqueta:

-¿No te importa si jugamos algo?

-Que sea cualquier cosa menos a las muñecas, salvo con una de carne y hueso.- le responde sonriendo.

-Es mi regalo para estar iguales. Sólo habrá un requisito. Te voy a poner una venda en tus ojos. ¿okey?

-Sigue, no te detengas.

         Una vez puesto el retazo de tela negra, Ken procede a quitarle la ropa a Germán, suave y delicadamente como lo sabe hacer gozando al sentir el roce de sus vellos de su viril piel.

-Tienes unas manos muy expertas. ¿ya puedo ver?

-Debes esperar un poco más, Germán.- le toma de la mano y lo sienta en el banquillo del tocador.- Sólo un poco más y verás.

-Sabes, siento como si ya te hubiese soñado como si lo nuestro no fuera de ahora sino de mucho antes.

         Ken retira de su postizo busto el sostén, de sus caderas las panties negras y de su cara el maquillaje. Ya no luce su vestimenta de Barbi excepto por la peluca platinada. Una vez desnudo se arrodilla pegadísimo a las piernas de Germán tomando entre sus manos la gloriosa virilidad. No demora mucho en conducir a la erección aquel pene perfecto. En la boca de Ken la cima llega al punto limite  desbordando el placer de Germán hacia el éxtasis nunca antes experimentado con alguna mujer en semejante intensidad.

-¡Barbi! ¡Barbi!¡No pares!¡Más, más!?¡Chupámela toda!

          A punto de terminar con el sublime fellatio, Germán retira sus brazos extendidos sobre el tocador y quitándose la venda pone las manos en el cabello de Barbi que está muy ocupada en arrancarle un orgasmo. De pronto hace un involuntario tirón en la peluca platinada que se desprende de su lugar. Germám tarda unos segundos en reaccionar y cuando entiende el asunto sacude a Ken por los hombros. Su respiración todavía es agitada, jadea intentando poner en orden su cabeza mientras la erección se ablanda bajo su vientre. Del gozo pasa al anonadamiento y de éste a la reprobación.

         Del suelo Ken recoge su peluca, retrocede hacia el balcón, su cuerpo tiembla, lo que menos deseaba era ese inoportuno, ridículo y risible final.

-Germán, escúchame, por favor.- ruega .

-¿Por qué esto, Ken? No sé, no sé .....pudiste haberme dicho que tus preferencias eran distintas y yo te  hubiese comprendido. Ya no sé que pensar, algo debe estar muy mal dentro de ti para que lo hayas hecho conmigo. Precisamente yo. Pero sabes, a pesar del engaño y la mentira haré como si nada hubiese sucedido. Tal vez esté cometiendo una perfecta estupidez al ofrecerte nuevamente mi amistad. Escucha, Ken. Haré de cuenta que nada ocurrió esta noche. Nada.- afirmó Germán todavía confundido.

         Ken le miraba deseando obtener otra respuesta.

-Lo único que yo quiero es tu  amor, quiero estar a tu lado, quiero sentirte. ¿Qué diferencia hay si tengo un pene o no? Puedes tenerme y listo. Yo sólo te pido que me hagas lo mismo que le hace a una mujer. Seré tu esclavo, me tendrás cuando y como tú quieras.

         Intentaba recuperarse de semejante sorpresa apoyándose en el tocador.

-Yo no soy homosexual, soy un hombre. Lo que tengo entre las piernas no es para ti ¿entiendes?.- dijo tajantemente con una voz áspera.- No malogres aún más la consideración y el aprecio que tengo por ti.

          Y agregó calmando su enojo:

-¿Por qué lo haces? Es un absurdo, por favor. ¿Qué pretendes?

         Volvió a insistir.

-Sé que  te gustó, eso no  lo podrás negar. Además, ninguna de tus amiguitas te la hubiese chupado como yo. Me estoy ofreciendo por completo ¿no lo ves? Todo puede ser tan fácil Germán, nadie tiene porque saberlo ni mi esposa ni tu novia en el extranjero.

         Germán ya no sabe como actuar ni que decir. Trata de n o ser cruel, sin embargo la rabia aflora irónica.

-Las putas son expertas ¿los putos como tú también? ¿qué  cosa eres al fin y al cabo?.- le espetó recogiendo sus ropas.- En todo caso gracias por una lamida sin costo alguno ¿o deseas tu pago? ¿en cheque o afectivo? Habla, vamos.

         Barbi o Ken. Ken o Barbi. Mujer hombre. Hombre mujer. Dentro de él una intensa angustia emerge desboronando todas sus ilusiones. Ken sabe que después de esa noche ni él ni Germán volverán a ser los mismos. Algo se ha quebrado en su interior, con tal de oír su aceptación es capaz de rogar y suplicarle.

-¡Por favor, Germán! Yo puedo ser lo que tú quieras, puedo llenar tus fantasías. Piénsalo.

         Empieza a sentirse incómodo, tienes ganas de golperlo.

-¡Basta! ¡Basta! Ofrécete a otros menos a mi. No provoques que te ofenda, Ken.

         Ken pierde el control, su mente da vueltas, no sabe que hacer. Sigue de pie observando con ojos desorbitados la figura de Germán poniéndose los calzoncillos de   espaldas a él. En un segundo su atención hacia la muñeca Barbi recostada en la cama, toma el valioso regalo con una mano su pecho y con la otra sujeta la gruesa lámpara de la mesa de noche. Ella quiere vengarse, el desea arrodillarse; Barbi quiere matarlo, Ken quiere amarlo.

         A punto de asestarle con el objeto una duda un instante de vacilación  un momento de lucidez paraliza sus pies. Justo allí su víctima descubre la intención, levantándose de recoger su camisa en el suelo, mirando al espejo. Germán logra esquivar el golpe, pero al hacerlo trastabilla y cae de espaldas impactando su cabeza en el filo de un estante. Encima de él cae Ken y más allá yace hecha añicos la lámpara. Ya no hay latidos en le pecho de Germán ni un aliento que sobre para el beso que Barbi Ken busca en sus labios. Retornando a la realidad se lamenta.

         “Yo no quería esto, Germán. No tenia porque terminar así. No hubiese soportado vivir como tu sombra, entre el rechazo y el desamor”, piensa Ken retirando su mano de la nuca ensangrentada.

-Ahora  me queda una pesada tarea, limpiar las evidencias. Me has dado la idea perfecta, Germán. Tu asesino fue Barbi y no Ken, eso me facilitará las cosas. Voy a tener que inventar un nombre distinto para la próxima vez.- dijo Ken dejando el cuerpo de Germán  para ir al balcón a  recibir el cálido aire del verano.

 


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