VIII. LOS CLIENTES
“son tipos comunes, como cualquiera, hay de todo, de 20, de 30 de 50/ hay tipos que les gusta atarte, pegarte, que les pegues/ los que no pueden acabar, los que se drogan mucho/ tipos casados, abuelos/ hoy de 10 clientes, 8 se drogan/algunos les gusta los chicos, las chiquitas/yo se de tipos que se van a las villas y se hacen traer pibitos de 5, de 6/ tienen guita, se les nota. Autos mas o menos nuevos, ropa buena, no son unos tirados/ cuando ves un guachito que esta bueno, te acercás, le ofreces unas fichas, y si las agarra, ya está, está en la transa/ yo los elijo por el culo, que tengan buen culito/ a mi me gustan de 11, 12, ni muy, muy, ni tan tan/van milicos, van viejos, casi siempre gente de plata, una vez fue un diputado/ clientes son todos viejos, putos que no ligan/ si ves un tipo grande de saco y corbata con un pendejo hay guita de por medio, seguro/había un tipo que era muy bruto, muy bruto, te pegaba, te agarraba del cogote, a una de las chicas casi la ahoga/ además estaban los amigos, porque no se les cobraba, el comisario... / (Collage de frases de las entrevistas)
Este es uno de los grupos involucrados en las prácticas de prostitución “más invisibilizados”. Así por ejemplo del total de noticias periodísticas que se recolectaron (más de 300) sólo dos se refieren específicamente a los clientes[1] . Por otra parte y pese a innumerables intentos sólo fue posible realizar unas pocas entrevistas, y en su mayoría a clientes homosexuales varones. Es decir el cliente heterosexual, que sin duda por las múltiples evidencias, es mayoritario, no acepta o no reconoce su condición de tal. Como se ha dicho hubiera requerido una estrategia de investigación diferente y un equipo conformado fundamentalmente por varones: Este es sin duda uno de los temas centrales que requieren ser profundizados en próximas investigaciones.
Más allá de que en razón de los objetivos de la investigación, interesen en particular a quienes prostituyen a niños, es importante determinar las motivaciones y fundamentos que legitiman y naturalizan las prácticas de compra y alquiler de cuerpos llamadas prostitución, en virtud de que tienen una raíz común y sólo difieren en la elección sexual.
Si es cierto que los niños como sujetos son evidentemente más vulnerables que los adultos y se estima que la responsabilidad de la sociedad para con ellos es mucho mayor que respecto de los adultos, no debe olvidarse que los derechos humanos de las personas no reconocen jerarquías ni rangos que los distingan entre sí. Una violación de los derechos humanos de cualquier persona no se distingue de otra violación de otro ser humano cualquiera sea su sexo, raza, nacionalidad, edad, etc. Y por lo tanto a partir de la aceptación que cualquier ser humano pueda ser prostituido, la alienación o apropiación del cuerpo de un niño por un adulto es concebible y consecuentemente posible.
El cliente, y se trata mayoritariamente de hombres, es el verdadero y fundamental prostituyente . El hace posible la explotación aunque haga todo aparecer como un vulgar coparticipante descomprometido. Antes que la prostitución fuera un comercio, un servicio sexual pago, la prostitución como “servicio sexual”, existió como un derecho del amo sobre el esclavo, del pueblo conquistador sobre el pueblo conquistado, del pueblo vencedor sobre el pueblo derrotado, del amo sobre el sirviente. Y en virtud de las preferencias sexuales tuvo siempre, mayoritariamente al cuerpo de las mujeres, incluso niñas,- si bien también en mucho menor medida el de varones- como bien de uso.
La prostitución como venta o alquiler de servicios sexuales es uno de los “progresos” de la civilización y de la progresiva mercantilización de servicios que sólo se pueden desde entonces adquirir con dinero. A partir de estos procesos evolutivos aparecen los intermediarios o “celestinos”, proxenetas, que como en todo comercio se tornan indispensables para asegurar la mejor satisfacción y organización de la demanda. El hecho de que los intermediarios aparezcan a menudo como independientes y con poderes iguales o mayores a los de los consumidores, no debe hacer olvidar que han sido generados por estos. Y que a partir de esta iniciación si bien la oferta es la que pareciera orientar y fomentar la demanda, se trata de dos factores que se realimentan entre si, e inciden uno sobre el otro, siendo inseparables.
Al penalizar en mucho mayor medida a los explotadores, proxenetas, y facilitadores de la prostitución que a los clientes, la sociedad está diciendo, emitiendo un mensaje, adoptando una posición, que lava su mala conciencia.
Es imposible intervenir en el problema de la prostitución infantil si el imaginario social que legitima la prostitución en general y la de los niños en particular no es expuesto ante la sociedad en un debate amplio e irrestricto en la que esta reconozca primero la dimensión del problema y a la vez su responsabilidad en su generación.
Las leyes de Códigos Penales o las de tratados internacionales sobre derechos de los niños no serán nunca suficientes por si mismas y por si solas, para contrarrestar prácticas legitimadas por un imaginario social vigente que convalida derechos al uso de cuerpos, mediante o sin pago, de los adultos sobre los niños, de los hombres sobre las mujeres, de los poderosos sobre los débiles.
Indudablemente la amplia difusión y discusión de las leyes, y especialmente de la Convención de los Derechos del Niño, es parte necesaria de una campaña destinada a incidir sobre el imaginario vigente, pero el debate y la concientización sobre prostitución debe exceder rotundamente el mero aspecto legal, jurídico, de la cuestión, ya que a través de las leyes la sociedad logra a menudo descargar su conciencia pero sin introducir cambios significativos en su propia producción y reproducción de las prácticas.
Lo que dicen (niñas y niños) sobre los clientes
En lo que sigue se recoge la información que surge de las entrevistas a las propias niñas y niños en prostitución entrevistados y la de informantes.
No hay manera de trazar un perfil de “cliente”, dada la diversidad: viejos, jóvenes, heterosexuales, homosexuales, médicos, arquitectos, psicólogos, abogados, jueces, policías, obreros, estudiantes, patrones, empleados, artistas, empresarios, solteros, casados, solitarios o en grupos, etc.
En cuanto al tipo de demanda sin duda varía según el tipo de sexualidad (homo o hetero o travesti), la modalidad (pobre, burguesa, lujosa), asociado a modos de representación y tipo de “servicio”; los que buscan socializar, es decir alternar con personajes, climas, y paisajes, propios de ambientes prostibularios, donde el entretenimiento, las conversaciones, los preámbulos al encuentro sexual pueden ser tanto o más importantes que éste. Aquí es donde el alcohol, el baile, las luces, la droga, los espejos, las intrigas, los chistes y muchas otras cosas son condimentos que convocan a los clientes y donde el atractivo no es sólo el sexo o el sexo es casi accesorio. Por el contrario están quienes se limitan exclusivamente a un servicio breve y puntual (a veces por que tal es su deseo y otras por que no tienen dinero para otra cosa) Hay que recordar que tanto en una gran mayoría de los prostíbulos, saunas, los servicios están muy pautados: cada servicio tiene su precio y su tiempo.
Se juegan también cuestiones de poder, del poder del dinero y de otros poderes más subjetivos.
No puede establecerse un corte drástico en virtud de los distintos tipos de prostitución identificados (lujosa, burguesa, pobre) con relación a las dos expectativas diferentes de los clientes que se acaba de describir. Un cabaret sórdido puede montar escenas al igual que uno de lujo, pero obviamente es en ciertos estratos sociales donde la necesidad de esas escenas puede montarse de modo más ambicioso y donde las exigencias a satisfacer pueden ser mayores.
Pero no hay dudas sobre qué tipo de clientes se satisface cuando los tiempos y las tarifas están estrictamente acotados y hay una vigilancia severa para que el cliente no se exceda, ni obtenga más servicios sexuales de aquellos por los que pagó.
Por otra parte, indudablemente la irrupción de la oferta y la demanda homosexual, de gays, taxi boys y de travestis ha creado modalidades y reglas específicas que en algunos casos incluso permiten hablar de ghettos.
Por otra parte, aunque parecieran más propios del siglo pasado siguen incidiendo en los clientes imaginarios de degradación propia y del otro prostituido, imaginarios del pecado, del mal, del vicio, etc.
En las escasas entrevistas que hemos obtenido aparecen también las clásicas imágenes sobre quienes son prostituidos reprochándoles interesarse sólo por el dinero, de ser insensibles e inconmovibles, de no sentir nada o por el contrario de gozar y además cobrar por ello. (Ya en Quevedo y Moratín entre otros autores españoles de hace unos siglos, se encuentran esos reproches a las mujeres prostituidas, y ninguno a los clientes, quienes como dice Sor Juana de la Cruz son la causa del aquello que reprochan)
A pesar de la incidencia fundamental de la demanda, una de las paradojas de los discursos sobre la prostitución –en los discursos institucionales y sociales- es la ausencia de los clientes en esos discursos. Si aparecen lo hacen de modo incidental y accesorio. En las entrevistas realizadas a integrantes de instituciones e incluso a personas en prostitución, sucede lo mismo. Como si sólo fueran receptores pasivos, como si fueran un producto de la “oferta”. Se invierte de este modo y se oculta así, el rol fundamental, protagónico de la demanda.
Por otra parte surge a menudo la referencia a una demanda creciente de niñas y niños, de edades cada vez más tempranas. La cual suele ser considerada más como una “perversión” paidofílica que como una grave infracción a la ley y un abuso intolerable . Aquí el término “perversión”, designando una patología sirve para plantear la práctica prostituyente como desviada, como enfermedad y no como un abuso de poder obsceno, una violación derechos elementales de los niños. De esta manera se desresponsabiliza al prostituyenteconsiderado un enfermo y se despolitiza la mirada sobre las prácticas prostituyentes.
Referencias de las entrevistas sobre: “Los clientes”
En este punto, al igual que en el punto Reclutamiento se adjuntan fragmentos de entrevistas a niñas/os y jóvenes en prostitución, que ilustran sobre quienes son los clientes:
En primer lugar algunos fragmentos de entrevistas que dan cuenta el rol iniciático que pueden tener. El cliente como reclutador inicial
“porque nosotros sabemos lo que queremos, entonces ellos buscan las criaturas, 15- 16-17 años como él ¿me entendés? que le pueden envolver fácilmente…” (Hombre, 18 años) Chaco
“... a mi si me preguntaron por menores... si conozco chicas... que trabajen así, pero piden así de 12 o 13 años, de 15 (mujer, Chaco)
“La mayoría son mayores de 35 y 40, o sea que si te ligás uno de 35 estás de suerte” (hombre, 16 años) Córdoba
“...en la terminal hace muchos años también me ofrecían plata para irme a acostar con los hombres (...) hace un siglo atrás por lo menos, ya hace siete años atrás” (hombre, 17 años, Córdoba)
“Uno no puede tener la caradurez, porque yo ví la primera vez que viena a la plaza... tener la caradurez de sacar un menor, sobornarlo, para que tenga relaciones con él” (hombre, 15 años, Córdoba)
“..hombres de 50, 60 años, 70...” (mujer, 17 años) Córdoba
“el perfil del cliente varia puede ser un cliente joven puede ser un cliente viejo” (hombre, 20 años) Córdoba
“ (...) hay que piden de 12 o 13 años (...) me preguntan si yo tengo hermana y todo eso, me dicen ¿por qué no las traes? no, yo a mi hermana no la voy sacar, y a veces me enojo y me dicen ¿por qué, si ellas van a tener su plata?” (mujer, Chaco)
Quienes son
“En general son hombres casados, hay gente que vienen exclusivamente y que te hablan, te hablan...” (mujer, 25 años) Córdoba
“... abogados, policías, arquitectos ..gente que trabaja .. aparte por ay por la tarifa que se cobra hoy te cobro por ahí, ellos tan son los mismos ..nada mas que con baton... pobre hasta el loco del zapato paga menos .. bueno escúchame ... no va ninguno empleado en bicicleta ni en un carro a levantar y todos van en coche y muy buenos coches se distingue la clase social de la gente que va a buscar...hay unos que son eternos son siempre.. siempre llega alguien ..siempre llegan nuevos sabes que pasan quieren probar y bueno .. eso como que va disminuyendo y va aumentando ... me entendés” (hombre, 29 años) Córdoba
“Algunos son muy asquerosos, algunos son buenos, hay de todo, viejos, jóvenes, de toda edad, viene en el auto (...) algunos van caminando, algunos parecen señores, pero no lo son, pero no son todos mariquitas, pero te das cuenta por cómo caminan por la calle, por la forma de mirar a la gente, camina muy despacio, cuando están buscando un chico caminan más despacio.” (hombre, 16 años) Buenos Aires
“yo no sabía que a los tipos les gustan así, ... pibitas. Pero les gusta porque no les pagan nada, se las llevan y les dan unas monedas lo mismo que para abrir la puerta o para comprarles una pavadita, los tipos que venden comida y así son los peores, por que le dan a las pibitas comida, no te crea que una comida especial, nada, lo que les sobra pero en vez de dársela así nomás como hacen algunos, no hay unos que se aprovechan y se llevan a los pibitos y a las nenitas ...(...) Un tipo que trabajaba en la panchería que salía conmigo, me llevaba atrás al negocio y me decía que yo le salía muy caro porque tenía que pagarle al Ariel ... en cambio él podía tener a cualquiera de las pibitas por un pancho, pero a mi me tenía que pagar, (...) lo que más se hace así con estos tipos en la calle, lo que más hacen con las pibitas es que les chupen, es lo que más sale, lo que más se hace, es lo más rápido y lo más barato ... lo tipos quieren eso (...).. Lo que pasa que una piba a esa edad si nadie le dice la posta no entiende nada ..... la piba tiene diez, es rechiquita (...) el tipo se calienta con la pendejita, no me preguntes porqué pero se calienta, no con un minon, se calienta con la pendejita, el tipo le da unas monedas, la piba le agarra el pito, por ahí se lo chupa, le hace la paja, así el tipo se arregla, ¿entendés? No se hace problema con nada, él no le puso la mano encima, ¿quién va a decir que le puso la mano? ¿Eh? No le arranca un pedazo... la cosa queda así, un día una, otro día un pibe y el chabón piensa que le da una mano ¿entendés? Es el bueno que le ayuda a los pibitos de la calle...” (mujer, 17 años) Buenos Aires
“muchos trabajan en casa de gobierno, en la cámara de diputados, son ingenieros, empresarios, son electricistas.... hay miles de cosas...(...) todos en auto... y son todos los que pisan fuerte, vamos a decir... (...) hombres de edad... (...) si, hasta hay de 60 años, hasta hay de 71. (...) jóvenes no pasan tanto... hasta ahora... más los viejos. los hombres de edad, de 40, 50 y ahí la llevamos, jóvenes no hay casi...” (mujer, Chaco)
“... los clientes que yo tengo son todos del interior, uno es de Saenz Peña, otro es de Plaza y de La Escondida, y un hombre es de acá. (...) , uno es empresario, el otro trabaja en vialidad, el hombre de acá es viajante, bah, levanta pedido, el otro hombre que sabe venir y me paga bien es de la empresa de acá de Sancor y otros dos son viajantes. O de Formosa, los carniceros de Formosa también.” (mujer, Chaco)
“ Fijos, fieles, buscan a esa misma persona, y si esa persona no está, bueno, se va o viene más tarde o vienen otro día, ¿viste?, pero suelen ser fijos los clientes” (hombre, Chaco)
“En la calle hay mucha gente atrevida... esos hombres (...) A los viejos les gustan las pendejas... te empiezan a decir cosas, te empiezan a parlar... ellos dicen ... la más grande no, la más chica” (mujer, 13 años, Posadas)
“Yo tengo un par de personas que conozco, y hace como cuatro, cinco años que los conozco, ellos son casados y gente con mucha plata (...) por ejemplo él se ha hecho amigo de todas las amigas que yo tengo y todas van ahí y él sale con ellas, porque son chiquitas, porque él dice que no están tan pasadas como las mujeres grandes. Tienen trece, dieciséis, catorce, quince.” (mujer, 17 años, Puerto Madryn)
“Viejos con plata (...) cincuenta para arriba, sesenta, gente que no puede, cómo te puedo decir?, levantarse una mina.” (mujer, 17 años, Puerto Madryn)
“Ellos todos tipos que... sabiendo que tienen tres o cuatro mujeres para ellos solos, cómo pueden ir a buscar una chica de trece, catorce años, quince, eso es lo que me impresionó, ver a ...., ver a mucha gente, cómo ser... una vez vi al Dr. ...., también lo vi, a ....., también lo vi a todos ellos, me impresionó bastante, una gente así... Porque viste esos jueces, que están ahí con las menores, que esto que el otro, como pueden ir a buscar.... . Yo a ....lo conozco bastante. Agarró y llamó a una de las chicas, o las chicas fueron se presentaron se las llevó en el auto. Le digo a donde van; y.. me dice las chicas; no, vamos a comprar cigarrillos. Vení en veinte minutos, le digo, bueno me dice. O sea que ..... se las llevaba.” (mujer, 13 años, Puerto Madryn)
“Supervisor de...., vive en pleno centro, o tiene un departamentito en pleno centro. (...) El dueño de un cabaret, ......, que es el mismo dueño de... esperá que me acuerde... dos o tres lugares más ..., el mismo que está ahí, es bastante jodido con las menores, le gustan las menores, a pesar de que trabajan con minas, con mujeres grandes, ... le gustan más las menores, son más pervertidos, digamos.(...) El jefe de ..... este... como se llama? Siempre me olvido el apellido..., los ....., los dos hermanos, este...quién más ...., . nunca dejó, por más que hayan dicho que se le cayó el negocio, nunca dejó de trabajar... adentro de la cárcel tenía un teléfono, estaba el socio.(...) que se yo, y...los dos, los dos. ...el ex-comisario ...., qué también trabaja para uno que no se... para quién es que trabaja ... ...después este... quién más, no se, son muchos... o sea son muchos, digamos los capos.” (mujer, 17 años, Puerto Madryn)
“X.. y N ....., ... sacan y meten cuando quieren a la gente, hacen lo que quieren, arruinan causas importantísimas, siempre que se les deba una favor, siempre lo van a hacer. Vos date cuenta que yo con todas las cagadas que me mandé nunca me pudieron meter adentro, ni siquiera mandarme a un consejo tutelar, o alguna cosa de esas, nada, nada, absolutamente nada, no pudieron tocarme.”
“ ... policías, uno de los grandes que conozco es un ex-comisario. (mujer, 17 años, Puerto Madryn)
[1] Una de ellas en El Diario de Madryn, del 11 de marzo de 1999, una nota titulada “Hay que denunciar a los clientes adultos”, en la que la Subsecretaria de Desarrollo Humano y Familia, Nadia Güizo dice que “Se necesita poner atención en los clientes adultos que si no fueran a buscar sus servicios (de las niñas/os) no estaríamos hablando de prostituición” El otro en el diario del Chaco, Norte, del 20 de diciembre de 1998, un artículo firmado por Teresita Benítiez, titulado Los clientes y que hace apreciaciones acerca de la sexualidad masculina y la prostituición).