VI. LAS MODALIDADES

 

No hay un único criterio para diferenciar las modalidades de la prostitución infantil.

Hay diferentes criterios: relacionados con el espacio, las formas de contratación, los precios o nivel económico, las prácticas (pautadas, no pautadas, tipos de prácticas sexuales), el sexo de quienes son prostituidos: prostitución infantil femenina, masculina -taxi-boys, gays-, travesti [1] . Los distintos criterios se articulan de diferentes modos determinando modalidades diferenciadas.

Una primer clasificación permite diferenciar de acuerdo al “espacio” o lugar (que suele estar relacionado con la forma de la contratación).

§         Cerrada : en lugares tales como saunas, prostíbulos, boliches con trastienda, etc. El encuentro, el pago y el “servicio” sexual ocurre en el mismo lugar. En algunos casos las personas prostituidas –menores y adultas- viven y conviven en ese lugar bajo la supervisión de alguna “madama”, “rufiana” o “encargada/o o cuidador/a”.

§         Abierta : avisos publicitarios en medios de comunicación, agencias, discos, pubs, bares de hoteles, etc.. El encuentro y/o la contratación se realiza en un local o por teléfono, y el “servicio” sexual ocurre en hoteles, departamentos, etc. y no en el lugar de contratación.

§         Callejera : algunos bares y calles. El encuentro y la contratación es en lugares públicos y no coincide el lugar del contacto y contratación con el lugar de lugar donde se concreta el “servicio sexual.

 

 

MODOS DE REPRESENTACIÓN

Este concepto articula de un modo no lineal diferentes criterios, y permite diferenciar tres modalidades y su relevancia radica en que puede ser productivo para a la comprensión del funcionamiento de la prostitución. Las modalidades pueden nombrarse como:

§         lujosa

§         burguesa

§         pobre

Diferenciación que si bien se podría basar en el nivel económico, costo de los “servicios” en los lugares (tipo de hotel u otro espacio en que se concreta la acción, de mayor o menor nivel), en el nivel económico de los clientes, o en el aspecto y ropa de quienes son prostituidos, por ejemplo, el concepto de “modos de representación” no se ajusta a estos patrones de un modo directo o sencillo. Este concepto diferencia  rituales y modos de representación que preceden y acompañan el “servicio sexual”, escenarios, escenas y guiones narrativos que identifican a las tres categorías mencionadas.

 

 

P ROSTITUCIÓN LUJOSA

 

“Hay que conocerlo por dentro tiene su propia filosofía/ hay que ser socio, sólo se paga con tarjeta, no aceptan dinero/ no, claro, no cobran 10, cobran 100, 200/ para ir, voy a un lugar que esté bien, que me dan lo que pido/muchos clientes quieren joda, droga/ me cuido no ves que soy como una modelo/ me gusta tener plata para decir ‘me quiero comprar esto y me lo compro/ venía a cobrar el alquiler de 6 departamentos en el que viven señoritas que concurren al local/ había una nómina importante relacionada con el Gobierno y con el Poder Judicial, que concurrían al lugar”

(Collage de frases de las entrevistas)

 

Esta modalidad[2] se particulariza por la forma en que se establecen las transacciones. Los clientes deben tener más dinero, ya que los precios son altos. Pueden pertenecer a los mas variados sectores sociales: industriales, políticos, funcionarios judiciales, profesionales, deportistas, etc. Si bien el dinero está siempre mediando, esta mediación suele estar disfrazada y poco explícita en las escenas que son jugadas, como si el contrato sexual fuera accesorio a otros factores de mayor trascendencia que tienen que ver con el prestigio, el status y la exclusividad de los ambientes en que se alterna. El dinero contante puede hasta quedar totalmente fuera de la escena: casos en que hay intermediación, agencias o incluso cheques a domicilio y pago con tarjeta de crédito, cuentas abiertas en casas de ropa, regalos costosos, viajes[3] .

Existen canales de intermediación explícitos, tales como agencias para turistas y/o ejecutivos, saunas de lujo, hoteles 4 y 5 estrellas, clubes privados, en cabarets y discos de moda [4] o bien de modo personalizado mediante contactos[5] , telefónicos, celulares,  o avisos clasificados, y a veces directo entre el cliente consumidor y las personas prostituidas.

Lo que define esta modalidad, no es sólo el precio (más alto), sino sobre todo la discreción, la protección institucional.

En esta modalidad la droga y las gratificaciones de tipo personal, ascenso e inserción en círculos sociales aparentemente brillantes, son a menudo ingredientes que determinan su éxito y aceptación por parte de quienes son prostituidos, que se pueden sentir atraídos por un modo y nivel de vida alto, o con ciertos consumos suntuarios. Ciertos “servicios sexuales” orgiásticos, en grupo, parejas hetero o homosexuales,  etc. prácticas sado masoquistas, distinguen  en ciertos casos también este tipo de ámbitos[6] . (Se podría pensar que en este tipo de prácticas no están incluidas niñas o niños. Sin embargo se han recogido en esta investigación testimonios de la presencia de niñas/os.

El precio suele ser global (por la noche, la fiesta, la salida) y no tanto por el tipo de “servicio” ofrecido, que muchas veces es “todo servicio”.

Este fue el nivel en el que hubo más dificultades para acceder, por una exigencia de asegurar la privacidad y la identidad de las “personas” involucradas como clientes (“ricos y famosos”) y proteger a los proxenetas, traficantes de drogas, e incluso por no “difamar” lugares prestigiosos –hoteles 5 estrellas, discos de moda, agencias de modelos, etc. Se comprobó que existen adolescentes que son prostituidas cuyo origen social es de clase media y alta (Caso Marcela, Sandra). Aunque por supuesto también en los círculos de lujo hay adolescentes de sectores pobres, así como también jovencitas traficadas. En relación a la prostitución masculina, no se ha podido constatar adolescentes o niños provenientes de sectores altos, aunque sí de sectores medios y pobres, o “villeros” como dicen algunos clientes entrevistados. Los costos suelen ser altos (entre 200 o 400 pesos y en algunos lugares el piso es de 500 pesos). Esto no incluye otros consumos (alcohol, drogas, shows, u otros servicios “extra”.

El arreglo entre el “empresario” y las personas prostituidas o sus “propios proxenetas”[7] (cualquiera sea la edad) varía, desde acuerdos porcentuales hasta sumas fijas.

 

 

PROSTITUCIÓN  BURGUESA

“Yo no sabía hablar, ahora estoy en este lugar, es otra cosa/cobraban ay te daban tu parte/ me explicó como eran las reglas de la casa/ había que atender bien/ hay un portero eléctrico, los tipos pasan al bar/ arreglan con la señora/ dormíamos de a varias/ los jueves atendíamos 6, 8, los domingos menos/ yo atendía 3 y a veces 5 tipos/ cobraba 40 la cama, 30 la francesa/ cobra la encargada y te da la mitad/ la verdad son todos iguales, tenes el lugar de espera con las chicas y después las habitaciones/ antes me vestía mal, andaba en zapatillas, ahora estoy siempre vestida, me compro jabones ricos y perfumes, es otra cosa, otra cosa, nada que ver/”

(Collage de frases de las entrevistas)

 

 

Esta denominación también se vincula al espíritu que impregna las transacciones sexuales y no tanto  a la extracción social de los clientes o de quienes son prostituidas/os: la transacción monetaria es explícita y previa al comercio sexual, y las prestaciones son a menudo rápidas y al paso. Los términos del intercambio y de las prestaciones, se explicitan claramente y está perfectamente tarifado en dinero y tiempo en relación a tipos de servicios bien definidos. Puede ser callejera, en saunas, boliches, burdeles, agencias de acompañantes, bares y hoteles y personalizado a través del teléfono.

Los clientes pertenecen a un amplio espectro social; prefieren el perfil bajo. Todo es más anónimo y despersonalizado. En esta modalidad es posible encontrar el estereotipo de “prostituta”, de ropas llamativas, ajustada, muy sexy, tacones altos, muy pintadas, -que en el caso de las niñas las hacer aparecer con unos años más- etc. aunque también esas jóvenes con apariencia de estudiantes, “colegiales”, “barbys”, “tontitas”, “bebotas” etc. taxi boys, travestis, homosexuales, etc. que se anuncian en los avisos publicitarios.

En esta categoría se puede encontrar una gran variedad de ejemplos, que incluyen las localizaciones y espacios más diversos –calles, prostíbulos, moteles, whiskerías, cabarets, departamentos, saunas, etc. Abarca tanto la prostitución de mujeres como la masculina y la travesti[8] .

 

 

PROSTITUCIÓN POBRE

 

“Yo era nada, era de la calle/ le pregunté si era para limpiar, me dijo que no me haga la boluda/ cuidámela que es mi sobrina/ las que trabajan son reputas, cogen con los viejos y ellas les sacan la plata/ si no me hago 100 no vuelvo/ mi mamá me dijo que vaya, que si no iba a tener que trabajar por horas/ yo pido 15, por menos no voy/ si no te gusta la cara decís son 100 pesos y sale arando/ la parte mala es cuando la minita está arreglada y dos chabones van por atrás y lo punguean / esa es una minita que labura” 

(Collage de frases de las entrevistas)

 

 

El término pobre no se refiere sólo a los montos pactados, aunque a menudo coincide con ellos, importan más la forma explícita y directa de las transacciones sexuales y el aspecto visual, el tipo de locales y calles en las que se producen, etc. desde los baños de las estaciones, cines porno, rincones oscuros de la ciudad, cocinas de restaurantes, pasillos, etc. Se refiere también a niveles de precariedad, improvisación, que incluyen a menudo una explotación cruenta. Son a veces  ocasionales, oportunistas y transitorias. Se distingue a veces por ciertos aspectos sórdidos que están presentes en las modalidades precedentes están exacerbados, como lo muestran los melodramas del cineasta mejicano Ripstein o la perspectiva de Scola en Feos, Malos y Sucios.

Sordidez que por otra parte no hace otra cosa que exponer de modo más crudo y evidente y por contraste, las relaciones sociales que se exteriorizan también en las formas de prostitución lujosa y burguesa ya descriptas.

En todas las localidades y ciudades se constató la existencia de localizaciones diferenciadas para “prostitución de mujeres”, “prostitución de travestis” y  “prostitución masculina”. Pero no se encontraron localizaciones separadas para adulta/os y niñas/os

 

 

Sobre la “visibilidad” de la prostitución callejera y lujosa  

Los datos recogidos permiten afirmar  que la prostitución callejera no es la más frecuente ni la más numerosa. En la ciudad de Buenos Aires, el hecho que la mayor parte del trabajo de campo haya sido realizado en una situación muy especial -la vigencia del Nuevo Código Contravencional (de Convivencia- que produjo un proceso de “salida de los lugares cerrados”, aumentó en esos meses la presencia de “oferta callejera”. En nuevos recorridos realizados ya con posterioridad a la derogación del Código de Convivencia y la reforma que introduce la represión de la prostitución callejera, se ha podido observar una notable reducción de la presencia de niñas, niños y adultas/os en las calles. La menor presencia no implica una reducción sino simplemente el regreso a los “lugares cerrados”.  En las ciudades del interior donde al igual que en Buenos Aires, no existían contactos previos, ni conocimiento alguno sobre las diferentes modalidades, se comenzó con las formas más visibles: es decir la prostitución callejera. Sin embargo, ni aún así, la prostitución parece ser “visible” excepto para quienes quieran ver, o reconozcan que “saben”. Con excepción de las denuncias judiciales que con cierta periodicidad enfrentan a la sociedad con “algunos casos notorios”, en las que los niños “no aparecen” y los adolescentes quedan disimulados entre tanto trajín, la prostitución queda siempre totalmente relegada. Además de tanto en tanto alguna voz que representa al mundo prostibulario demanda la reglamentación, a fin de evitar allanamientos (que por lo general culminan en la total absolución de los acusados de proxenetismo) pero que les implican molestias, cambios y cuidados.

Si bien no hay parámetros para determinar si ha habido incrementos en las distintas formas, los datos recogidos en esta investigación reafirman la existencia de esas diferentes modalidades y la presencia de niñas/os en todas ellas.

En todos los casos ha alcanzado mayor visibilidad debido a:

-         escándalos publicitados ante la opinión pública

-         la aparición de “ofertas” (en los medios, y en el “mercado”) cada vez más sofisticadas que incluyen servicios variados, tecnologías modernas incorporadas, etc.

-         la “masificación” del mercado, lo que ha llevado a que en los últimos años a incluir la oferta de prostitución en todas las formas de publicidad (diarios, televisión, carteles callejeros, Internet, etc.; el uso de videos, actos en vivo, etc.).

 


 

[1] Si bien no se ha podido determinar en el curso de esta investigación técnicas de medición, múltiples son las razones e indicios que permiten afirmar la presencia mayoritaria de mujeres en las más diversas localizaciones y modalidades. Por un lado, las tendencias que marca el modelo heterosexual dominante, por el otro las ofertas publicitarias, los contenidos de los “objetos pornográficos”,  los casos que salen a luz (judiciales y en los medios), lo que circula socialmente, pero fundamentalmente por la observación directa que pudo hacerse, en las calles y bares de las localizaciones estudiadas, donde excepto las islas de prostitución masculina y travesti, es abrumadoramente mayoritaria la presencia de mujeres de todas las edades.

[2] En una ciudad del interior del país: “El caso Marcela” que ejemplifica una red de prostitución de niñas de 14 a 17 años, de clase media y alta, en torno a una disco. (Ver Dossier Judicial en este mismo informe). En la ciudad de Buenos Aires:  la entrevista a Sandra (Ver Informe de Buenos Aires, páginas 72 y 73, la entrevista a Laly (Informe de Buenos Aires, páginas 74 y 75. El expediente abierto a los propietarios de Play Women for You, un cabaret de Barrio Norte, que tiene avisos publicitarios en grandes avenidas de la ciudad de Bs As (local en el que se encontraron menores (ver Informe de Buenos Aires, páginas 75 y 76). El conocido caso Spartacus (en el que también había menores de 18 años) (ver Informe de Buenos Aires páginas 76 y 77). Ver también Entrevista a Miguel (Ver Informe de Buenos Aires, paginas 77, 78 y 79). En Córdoba y Chaco se detectó el ingreso de niñas y adolescentes en hoteles de lujo. En algunos casos se trata de un “negocio extra” de conserjes, porteros u otros empleados de los hoteles que tienen sus “contactos directos”. En otros a través de los empleados de contactan con agencias.

[3] Para muchas personas el hecho que existan estos otros ingredientes, hace que no consideren este tipo de transacciones como prostitución. Así por ejemplo un profesional entrevistado dice: “Hay tres niveles, unas que está en .... (zona roja) que están un poco mejor, en las terminales, que es mucho más bajo todavía, y alrededor de la plaza .. Ahí se anima también uno o dos homosexuales. Y después están estas otras que no tienen drama, que todavía no es prostitución, que ser reservan el derecho de admisión, digamos, no van con cualquiera (claro que reconoce que) lo hacen por plata. Y son muy bonitas y muy jovencitas (...) son estudiantes, de 4 y 5 año del secundario. Tienen un cliente por vez y no como las otras que ... una tras otro, y cuanto mas mejor, pobrecitas (...) (las primeras) Yo creo que no se sienten ejerciendo la prostitución, porque tienen posibilidades de rechazo (...) Esta no es una prostitución por necesidad... se llama o no prostitución, no sé, porque eso, en definitiva (...) es saber lo que valen. Son chicas que tiene ambiciones particulares (...) saben que son deseables, porque son muy bonitas, muy lindas (...) que no te dicen como estas otras (las que son prostituídas en la calle) que te dicen dame cinco cuesto diez, veinte la francesa qué se yo, sino que directamente te dicen ‘me vas a hacer un regalito’ (...) Un grupito, divinas son." (médico legista)

[4] Por ejemplo, hace pocos años se hizo público que en una disco, se “rifaban” chicas (el costo de la rifa era de 1500 pesos). Una de las diversiones o atractivos del lugar. Se trataba de jóvenes (muchas menores de 18 años) muy bonitas, modelos, o aspirantes a modelos.

[5] En algunas entrevistas a clientes se mencionó que a ciertos lugares sólo se accede a través de “amistades”, de gente que conoce el lugar.

[6] Existen cursos de “capacitación” en prácticas sado masoquistas, cuyos costos son altos, así como también son costosos, los elementos y accesorios, la necesidad de ámbitos privados donde llevar a cabo las prácticas, los tiempos, etc. que no la hacen prácticas aptas para la callE.

[7] En muchos casos quienes son prostituidos por empresarios en locales, agencias, etc. tienen además su proxeneta que es quien los ha “ofrecido” y percibe el dinero obtenido por quien es prostituida/o. Estos pueden ser desde los protectores amigos, novios, familiares, hasta cualquier otra persona. 

[8] Una parte importante de los testimonios recogidos pertenecen a esta categoría. Ver Informes regionales.