XIV. METODOLOGÍA

 

Algunas observaciones sobre los datos

La clandestinidad de las prácticas sexuales pagas en las que están involucradas adultos con niños, así como la diversidad de modalidades y circuitos, impide hacer estimaciones cuantitativas ciertas en el estado actual del conocimiento. Esta apreciación de ninguna manera indica que no se pueda dar cuenta de la dimensión, importancia y extensión de la prostitución infantil y adolescente.

La calidad, característica de todos los datos, -de las estadísticas, de los resgistros, etc-  cuando existen, son variable de la receptividad institucional o del reconocimiento social que tiene una práctica social. Por lo tanto, en este tipo de prácticas es necesario utilizar otro tipo de parámetros –no cuantitativos- para dar cuenta de esas realidades invisibilizadas, en parte relacionadas con cuestiones simbólico culturales que hacen que el cuerpo sexuado de las niñas y niños sea objeto de “uso” (abuso), -de manera que algunas formas de prostitución quedan encubiertas bajo otras formas de relación, o directamente negadas por ser reprobadas socialmente, por ser pasibles de sanción penal, y/o por múltiples complicidades.

Si bien hay quienes dirán que de este modo no es posible obtener conclusiones válidas o generalizables, claro que esto sería cierto si pensáramos en un modelo de conocimiento positivista en el que sólo el número puede dar cuenta de la realidad- se pueden realizar  aproximaciones que permitan dar cuenta de la realidad y el impacto de la problemática o al menos de su existencia y modalidades.

Los datos de esta investigación, están conformados por entrevistas, conversaciones con multiplicidad de informantes y personas involucradas, observaciones directas y no reflejan incidencia o prevalencia real del fenómeno,  (absolutamente imposible de determinar) sino su "aparición", "visibilidad" o expresión en determinados contextos, así como su negación y ocultamiento.

Los datos (o más bien su escasez) son sobre todo reveladores y emergentes de esta dimensión, socio-político-cultural y toda afirmación acerca de su significación y validez debe tomar esto en consideración. Es decir, el hecho que no existan datos "confiables", mediciones, estadísticas, está relacionado con la negación que invisibiliza, -la naturalización, la minimización o inclusión en problemáticas más amplias, como la pobreza, el abuso sexual- las prácticas de "prostitución".

 

Circunstancias que confluyen para que sea imposible cuantificar los hechos:

Por parte de las niñas y niños:

-         la represión penal que pesa sobre éstas prácticas y paradójicamente la ineficacia de esta represión

-         el silencio, la negación, el disimulo, la desmentida de las niñas y niños aún frente a quienes no los reprimirían ni los denunciarían

-         el temor a la represión y al encierro: la experiencia misma de la represión; el encierro en institutos, donde al “encierro” se suman a veces maltratos, y violaciones.

-         la "naturalización": prostituirse es presentado como una "alternativa" posible en el marco de las opciones reales de sus vidas

-         las relaciones afectivas, y de dependencia y sometimiento con "proxenetas"

-         las situaciones de tráfico y esclavitud, sostenidas en presiones, chantajes, etc.

-         otras situaciones de amenazas, o desamparos que convierten en “presas fáciles” a niñas, niños y adolescentes de adultos de la más diversa condición (adultos que los “protegen” a cambio de sexo)

Por parte de las instituciones:

-         el silencio, la negación y la desmentida tienen, a veces, otras razones: el respeto a la "vida privada" de cada niña o niño, el no querer exponerlos a  la mirada no confiable de observadores y especialistas que poco pueden hacer por ellos

-          la propia dificultad de hablar de sexo abiertamente y más aún de sexo prostituido

-         la impotencia: saber, preguntar saca a luz la inexistencia de recursos para actuar y proporcionar respuestas y soluciones.

 

Puede haber razones válidas para el silencio, en unos y otros. Como se ha dicho el refugio asistencial en un instituto de protección vivido como reclusión puede ser una solución  "peor" que la de prostituirse por parte de niñas y niños. Y muchos de quienes trabajan en instituciones de asistencia y contención, con criterios de asistencia y rehabilitación frente a los excesos de otras instituciones más represoras no preguntan mucho a los niños, para no saber. O callan para no tener que ser involucrados en un proceder represivo.

 

Por otra parte no hay un  "censo" o estudio numérico acerca de la cantidad de niñas/os de la calle, una de las formas más visibles donde la prostitución coexiste con otras prácticas de sobrevivencia.

Los únicos datos estadísticos disponibles son los del Registro de Estadística Criminal de la República Argentina. Estos datos están muy lejos de dar cuenta de la dimensión cuantitativa de las prácticas en estudio. Sin embargo –y a los fines de mostrar sus limitaciones- se transcriben a continuación.

Se trata de los casos de “corrupción o prostitución de menores” denunciados ante la Justicia y que han culminado con sentencias condenatorias. Abarcan el total del país. A pesar de haber buscado información complementaria ha sido imposible encontrar explicación algunas acerca de la tendencia descendente de las denuncias. Si bien podría pensarse en cuestiones de clasificación, durante el período considerado no hubo cambios en el encuadramiento legal. Sólo recientemente (marzo 1999) fue modificado el Código Penal en lo relacionado con estas figuras, pero esto corresponde a un período no considerado en el cuadro siguiente.

La inclusión de este cuadro, tiene la única finalidad de poner en evidencia la falencia de datos. La columna más abultada, que incluye corrupción y prostitución de menores, en tanto no separa ambas figuras no permite separar los casos de abuso, violaciones o prostitución. La columna sobre casos de proxenetismo (Explotación de ganancias provenientes de la prostitución) presenta la realidad de la inacción, impotencia o inoperancia, cuando no de complicidad judicial.

 

 

Sentencias condenatorias para el total del país de: corrupción o prostitución de menores y explotación de ganancias provenientes de la prostitución[1]

 

Año

Estupro

Corrupción o prostitución de menores

Explotación de ganancias provenientes de la prostitución

Total delitos contra la honestidad

1976

53

0

0

603

1977

85

0

2

751

1978

85

0

6

853

1979

96

137

15

945

1980

85

125

10

850

1981

103

130

13

916

1982

77

100

17

732

1983

88

91

17

735

1984

68

84

7

693

1985

56

44

0

181

1986

50

46

1

470

1987

51

51

0

538

1988

27

31

0

391

1989

36

36

0

409

1990

42

33

2

456

1991

47

41

1

508

1992

51

54

0

498

1993

48

53

0

571

1994

30

45

1

528

1995

54

51

3

671

1996

57

53

0

575

1997

60

51

0

646

1998

No hay datos

-

-

-

 

Otras fuentes posibles de datos, como por ejemplo determinar el número de prostíbulos, saunas, boliches donde han prostitución, en tanto los registros catastrales manifiestos indican otros fines, requeriría un esfuerzo específico de identificación, que no pudo ser realizada en esta etapa de la investigación.

 

 

Alcances de la metodología

La lectura del Informe debe tener en cuenta que las observaciones, descripciones, análisis, hallazgos y conclusiones tienen sesgos y limitaciones determinados por la “accesibilidad” a las poblaciones estudiadas.

Sobre todo es importante remarcar de que el hecho que ciertas formas de la prostitución infantil y juvenil sean más visibles, y por ende, más fácilmente accesibles a quien investiga, tiene que ser muy tenido en cuenta para no concluir erróneamente que esas formas son más importantes, o más frecuentes.

En este sentido la prostitución callejera, pobre, la prostitución burguesa, permitió acercamientos que en sus otras variantes no fueron posibles, como la prostitución en lugares cerrados -prostíbulos, saunas, departamentos privados, hoteles, agencias, cabarets, clubs, etc.

Igualmente la “privacidad” de la prostitución de lujo, -tanto por el origen social de quienes son prostituidas/dos, la “notoriedad” de los clientes, la interconexión con otros negocios clandestinos, sobre todo el tráfico de drogas- ha hecho casi imposible el acceso directo de estos circuitos. Igualmente resultó difícil la aproximación a la población “usuaria”, es decir a “los clientes”, así como a proxenetas y empresarios. Sin embargo no tenemos dudas en afirmar que las prácticas de prostitución trascienden ampliamente el marco de la relación con la pobreza y demandan abordajes que den cuenta de la ubicuidad de las prácticas prostituyentes y por lo tanto la necesidad de un abordaje amplio, múltiple y completo. Está más aceptado socialmente que puede haber clientes provenientes de niveles sociales altos que pensar lo mismo de quienes son prostituidos. Sin embargo y aún con la fragmentariedad de los datos disponibles es posible afirmar que se han encontrado niñas/os y adolescentes en prostitución de sectores medios empobrecidos, y de sectores medios, y medios altos[2] . Muchos de las/os entrevistadas/os tienen un origen provincial o suburbano de clase media media y baja.(campesinado-empleados, etc)  que se vieron afectados por el descenso de su status social y económico ocasionado por el avance de las políticas de concentración económica y exclusión social. Aunque no siempre lo que resulta decisivo es la situación de deterioro económico.

Las entrevistas con proxenetas plantearon otro tipo de dificultades: el no reconocimiento de su actividad, o más frecuentemente una actitud amenazante que ni siquiera permitía (en los casos en que eran visibles) un acercamiento. 

Por lo tanto y a partir de la premisa inicial (enunciada en la introducción) de privilegiar la palabra de las niñas/os y adolescentes en prostitución, la primer cuestión a resolver era cómo acercarnos a ellos.

 

El inicio del trabajo de campo. Técnicas

A partir de los datos proporcionados por los entrevistados de la primera etapa, se sabía que había zonas de prostitución y en las que había diferencias en cuanto al tipo de poblaciones, (de mujeres, de varones, o de travestis) pero que niñas/os y adolescentes había en todos lados (en la calle y en lugares cerrados). Se comenzó entonces por acercamientos a las localizaciones más  visibles –calles, plazas, bares, al mismo tiempo que se trató de establecer contactos para acceder a circuitos cerrados, y en ámbitos de prostitución de lujo, conectada a menudo con el tráfico de droga, destinada a satisfacer la demanda de clientes exclusivos que exigen mayor reserva y discreción,  y a veces relacionada con organizaciones de procedimientos mafiosos o lindantes con estos.

En el caso de la prostitución callejera también fue imposible entrevistar a adolescentes traídas de países sudamericanos y centroamericanos –de República Dominicana particularmente- ya que eran celosamente vigiladas por integrantes de la organización de proxenetas que las explotan. Las extranjeras eran por otra parte fácilmente identificables y en esos días su explotación fue varias veces informada por la prensa, pero cada vez que se las abordó hubo que soportar actitudes amenazantes y violentas por parte de sus “protectores”.

No fue posible aplicar un único instrumento técnico de recolección, ya que el desconocimiento de las características mismas de la población, la heterogeneidad que se sospechaba que tenía, no permitía la construcción de una encuesta o alguna otra técnica estandarizada. Por esta razón se elaboraron “guías de entrevista” que podían ser aplicadas de modo más flexible[3] .

En cuanto a las observaciones directas no era posible un abordaje antropológico clásico, -nos referimos a la observación participante, usada por ejemplo por Nestor Perlongher para el estudio de la prostitución masculina[4] , ya que esta metodología exige un grado considerable de interacción e integración con el grupo observado. En este caso era difícil lograr esos grados de involucramiento principalmente por dos razones: primero porque no se trata de un grupo estructurado en el cual el/la investigador/a pueda ingresar. Las personas que están en prostitución no están “organizadas”  o lo están es bajo la tutela de un explotador, o están en lugares cerrados, controlados  de imposible acceso.  Aquellas a las cuales es posible acceder son precisamente las que por las formas en que son explotadas no están bajo un control directo, ni están fuertemente vigiladas en lugares cerrados, son las modalidades mal llamadas de la “prostitución independiente”, pero precisamente por esto están atomizadas y no forman grupos a los cuales puedan acceder de algún modo una persona de afuera. Es en consecuencia el mismo grado de dispersión el que hace que no exista un “lugar” donde ir a integrarse. En segundo lugar las características de quienes realizaban el trabajo de campo, -personas adultas-, les impedía mimetizarse con la población, principalmente por la edad

Por otra parte hay pocas entrevistas a niñas y niños prostituidos menores de 13 años, sin embargo, en las entrevistas con niñas y niños de más edad, encontramos en que reconocen casi siempre haber sido prostituidas en edades mucho más tempranas. Esto permite inferir que probablemente la edad, es decir la corta edad, es otro impedimento para acceder a una entrevista y que la prostitución infantil en mucho mayor medida clandestina que la adulta es mucho más importante de lo que aparenta ser. Por un lado se dice que a los quince años ya no son niños pero luego aparece que se inciaron a los doce, lo que no deja de ser revelador.

 

Notas sobre el trabajo de campo

Hubo necesidad permanente de traducir los códigos del investigador a los de los grupos a ser estudiados y viceversa.

Desde cuestiones tales como la presentación inicial y decir “estamos haciendo una investigación”  lo cual era en sí misma un escollo ya que en la calle este término reenvía directamente a la policía o a la asistente social que vinculan con la posibilidad de encierro o castigo, cuestión que pudo salvarse sólo con cambiar la palabra investigación por otra, por ejemplo estudiar, pero que no era tan fácilmente de resolver con la diversidad de códigos y términos utilizados. El aprendizaje que se fue realizando en las primeras entrevistas permitió un corrimiento en la forma de preguntar y de intervenir a lo largo del tiempo que duró el trabajo de campo.

 

La recolección de datos:

Hubo diversas modalidades de obtención de datos, sin embargo las formas de aproximación al objeto se pueden agrupar en tres técnicas:

Observaciones

Contactos informales

Entrevistas

Distinción que no deja de ser, claro está, más que un planteo analítico, ya que en la práctica ningún contacto informal se hace sin una observación del medio y de las personas; así como también toda entrevista no es más que un momento en un proceso de conocimiento y reconocimiento mutuo por parte de los sujetos a ser entrevistados y el/la entrevistador/a.

 

 

Observaciones :

Consisten en recorridas por las zonas con el objetivo de familiarizarse con el movimiento, con la circulación, con las personas, en definitiva con la vida propia de estos lugares. En estas recorridas se recogieron, descripciones, impresiones y escenas que fueron registradas de la manera más minuciosa posible.

Estas observaciones componen, están integradas y son una parte importante de los Informes Regionales, en el sentido que le dan el marco físico y social —aunque no sólo— a la información recogida en las entrevistas.

Algunas de las observaciones callejeras realizadas fueron las siguientes:

 

Contactos informales:

A partir de las observaciones se entablaron una serie de contactos informales tanto con personas en prostitución como con informantes. Estos permitieron ir conociendo y reconociendo algunos aspectos de las prácticas y de la población involucrada.

 

Entrevistas

Se realizaron siguiendo una guía temática, abierta y flexible para hacerla aplicable a los diferentes contextos de entrevista. Fueron aplicadas en mayor o menor escala de acuerdo a las circunstancias de cada entrevista y de cada persona entrevistada. Se realizaron entrevistas en diversos contextos y situaciones: en la calle, en bares, en plazas, etc. Son conversaciones más o menos extensas y con mayor o menor amplitud tamática, y diferentes niveles de involucramiento afectivo. Algunas entrevistas dieron lugar a relatos que recuperaron momentos de la vida personal de mucha trascendencia en las propias historias.

Siempre que fue posible, se utilizó un grabador. En otros casos sólo pudieron tomarse notas, durante o posteriormente. Se trató siempre reproducir lo mas aproximadamente posible los diálogos que tuvieron lugar.Muchas de las limitaciones de las entrevistas obedecen a las condiciones de los lugares en que fueron realizadas: la calle, bares, con testigos varios, ruidos, etc. condiciones poco favorables a un clima de intimidad.

A pesar de ello, algunas de las entrevistas realizadas en la calle y en las peores condiciones, han aportado elementos muy valiosos, ya sea porque dan cuenta de aspectos de manera única, permiten comprender situaciones inaccesibles desde otros abordajes.

En algunos casos estas entrevistas son fruto de un contacto un poco más prolongado, empezaron como contacto informales y terminaron con el grabador prendido y muchas explicaciones por parte de las/os entrevistadores acerca de los porqués del interrogatorio. Otras fueron conseguidas a partir de contactos con los informantes y se realizaron fuera de los circuitos y de los horario de “trabajo” lo cual facilitó mucho la concentración y la posibilidad de sostener diálogos largos y profundos con las/os entrevistadas/os. En todos los casos en que se usó grabador hubo necesidad de dar muchas explicaciones extras acerca de porqué se grababa, incluso algunas personas al ver el grabador se negaron a continuar conversando.

A modo de observación es importante señalar que cuanto menor es la edad de la persona entrevistada y cuanto más inestable es su situación social y emocional más difícil es tener un diálogo sostenido y largo.

Las entrevistas brindaron la posibilidad de aproximarse a la vida de quienes fueron entrevistados, como un modo de “testimoniar” acerca de sus vidas y sus prácticas. Testimoniar significó en este caso, colocarse en el rol de testigo, aceptando el desafío de involucrarse en un mundo de personas con nombre, con vida, cuyo relato no está encasillado de antemano. Significó además abstenerse de todo interpretación del material mientras se lo recibía y abstenerse de intervenciones.

Los relatos cobran vida, valen por lo que dicen y es por eso que están extensamente incluidos –ya sea en forma extensa o en forma fragmentaria en los Informes Regionales. Son sin duda el resultado de la interacción con la persona que realiza la entrevista, pero éstas narraciones, constituyen la materia básica de una investigación que no quiere transformar el conocimiento de la realidad social en categorías abstractas y/o numéricas.

 


 

[1] Fuente: Registro Nacional de Estadística Criminal de la República Argentina.

[2] En varias oportunidades hubo referencias a estudiantes universitarias que eran prostituidas o se prostituían, en una modalidad de departamentos, con contactos a través de celulares, o agencias. Pero no se ha podido hacer contacto directo.

[3] Ver Guías en Informe “La explotación sexual de niñas, niños y adolescentes en la ciudad de Buenos Aires”, Junio 1998.

[4] Perlongher, Nestor, La prostitución masculina, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, 1993.