XI. LOS CONTEXTOS.

PODER SEXUAL, ECONÓMICO Y GENERACIONAL.

 

En el desarrollo del trabajo de campo, como se ha dicho, se recogieron múltiples evidencias de la presencia de niñas y niños en todos y cada uno de los diferentes circuitos de prostitución, y en todas las modalidades. Esta constatación así como la compleja trama de circunstancias y contextos que los rodean, da cuenta de que se trata de una cuestión generalizada y estructural. Su análisis pone en evidencia los dispositivos sociales que al mismo tiempo que facilitan y producen esas prácticas, las niegan, las minimizan, las ocultan. Y revela porqué está tan  invisibilizada.

Son dispositivos complejos que comportan  situaciones de exclusión económica, social y cultural, que se articulan con falta de respuestas institucionales, circunstancias que convierten en más vulnerables a las niñas, niños, y adolescentes. Estos procesos de por  sí no son suficientes para explicar las prácticas de prostitución si no se visualiza cómo a su vez están articulados con las relaciones de poder o dominación: dominación de los adultos (autoritarismo) y de la dominación sexual. En otras palabras, las relaciones de dominación y sometimiento patriarcal son la base para entender la prostitución de la sexualidad infantil. Sólo a partir de las situaciones de exclusión y marginalidad económica y social no es posible dar cuenta de ella.

 

CONTEXTO 1 . LAS RELACIONES DE GÉNERO. SOMETIMIENTO Y  PATRIARCADO .

El abuso sexual infantil y la prostitución infantil tienen una misma matriz: el poder sexual y adulto; en otras palabras, la jerarquía masculina y adulta que es constitutiva, histórica y simbólicamente, de las relaciones sociales entre varones y mujeres y entre adultos y niñas/os. La demanda de prostitución es casi exclusivamente masculina. Y esta es la primer marca de género a subrayar. El carácter subordinado de las mujeres en las sociedades patriarcales, tiene un correlato en un modelo de sexualidad femenina también subordinado. Y esa doble condición (subordinación social y subordinación sexual) hace que aunque las mujeres en el mundo prostibulario puedan  ser madamas o reclutadoras, dueñas de prostíbulos o proxenetas, sólo raramente son la parte activa –clientas -. E intermedian para satisfacer el deseo masculino. Y esto establece una diferencia en cuanto a quienes ejercen el poder. Y esto es así aunque muchas veces tienen un rol activo, un rol en los procesos de sometimiento de niñas y niños al poder sexual masculino adulto. Son, muchas veces, mujeres las que introducen a las niñas (reclutadoras) al mundo prostibulario. Los varones (niños) son introducidos, a menudo, por otros varones mayores que ellos.

En cuanto a las relaciones que se producen entre las niñas y niños, se ha encontrado, en esta investigación, reiteradamente que entre ellos se instauran relaciones de explotación – proxenetismo -, siempre asumidas por los varones. La dominación masculina se instaura tempranamente. También en algunas ocasiones –aunque más raramente, los varones se convierten en proxenetas de otros varones, cuando hay una diferencia muy grande de edad, o se establecen relaciones de dependencia. Pero –al menos es lo que se ha observado -, en líneas generales los varones prostituidos se mueven más libremente, precisamente por que son varones. En cambio no se ha podido detectar nunca una relación inversa de proxenetismo, de niñas sobre varones. (Sí entre una adulta y un niño)

Las mujeres cumplen un rol de intermediación, o soporte del poder masculino en la reproducción de un orden sexual y generacional jerarquizado, donde niñas niños y sexualidades desvalorizadas en la jerarquía dominante –por ser alejadas o desviadas del modelo heterosexual, son convertidos en “objetos sexuales” y además “comercializables”.

Las transformaciones en las prácticas de prostitución durante este siglo y particularmente en la segunda mitad podrían hacer pensar a algunos que la perspectiva que concibe a la prostitución como un exponente de la degradación y explotación de un sexo por el otro no tiene más sustento. En efecto, la diversificación de la oferta de sexo, que incluye hoy a los varones en prácticas homosexuales variadas e incluso en menor medida la oferta para satisfacer el deseo de mujeres, puede servir a esos fines.

Sin embargo la prostitución sigue siendo como dice Florence Montreynaud[1]   un “Derecho de los hombres”, que ejercen ya no sólo sobre las mujeres sino también sobre los varones. Estos son sometidos  igualmente aprovechando relaciones desiguales de poder.

Y esto es tanto más evidente en lo que atañe a los niños, en los que a su condición de niños y niñas, se añade la condición de que son mucho más vulnerables que los adultos. En la prostitución infantil también puede hablarse de un “derecho de los hombres” particularmente en su condición de clientes. La existencia de mujeres como “clientas” no ha sido detectada en esta investigación[2] .

El uso de los cuerpos prostituidos de niños y niñas esta casi siempre al servicio de hombres que convierten las prácticas sexuales con esos cuerpos en derecho adquirido al servicio de la satisfacción de sus deseos.

 

SEXUALIDAD/ PROSTITUCIÓN

Para muchas/os de las niñas y niños el inicio sexual, es un inicio en la prostitución. Iniciarse en la prostitución no implica por otra parte para los niños adquirir un “saber” sobre la sexualidad, sino apenas un conocimiento fragmentario sobre prácticas sexuales que les pueden ser exigidas. En esas prácticas  rutina, indiferencia  y asco se contraponen  a menudo a pequeños goces, todos en relación a poderes que se ejercen sobre los clientes, a comprarse cosas, etc., ninguno de ellos vinculado al goce sexual.

A esta situación debe agregarse que a menudo estas niñas y niños han vivido situaciones de abuso sexual. La frecuencia de estos relatos podría hacer pensar en una relación de causa y efecto entre abuso y prostitución. 

Se ha encontrado sin embargo  que a veces los abusos fueron posteriores a la iniciación en la prostitución. Y que en otros casos en que es anterior, las experiencias no eran relacionadas entre sí por los niños y niñas.

Estas constataciones no excluyen la presencia del abuso, sino que le otorgan otro valor. (no de causa, o determinante o factor necesario). Y pareciera más pertinente afirmar a partir de los relatos una relación entre abuso y el proceso de exclusión familiar, lo que implica aceptar una relación indirecta. Es decir el abuso a veces produce la situación que lleva al alejamiento de la niña o niño de su familia. Y esto genera las condiciones que favorecen la captación por parte de los proxenetas o reclutadores [3] .

Hay diferencias según el sexo. En los varones entrevistados hay relatos de abuso sexual temprano por parte de adultos de la familia (primos, hermanos) pero no de incesto y en general fueron relatados como situaciones “consentidas” que parecieran marcar la historia de los niños. En estos relatos no es posible, tampoco, establecer una relación directa entre abuso y prostitución, sino entre abuso y homosexualidad, rechazo familiar de la homosexualidad, expulsión o alejamiento de la familia, que produce una situación de vulnerabilidad facilitando la captación para los circuitos de prostitución.

Dado que en las mujeres tampoco se ha encontrado una relación directa entre abuso sexual infantil y prostitución, podría concluirse que el abuso suele ser parte de una situación familiar insoportable, que produce también el alejamiento o la expulsión, de ahí la situación de vulnerabilidad que facilita la captación por parte de los proxenetas y reclutadores, o de los clientes de modo directo o entrar a circuitos de prostitución. Por otra parte no siempre aparece en las historias como lo más relevante para determinar la situación de rechazo, alejamiento, malestar con relación a la familia.

En el caso de las niñas el embarazo puede ser el signo o lo que hace pública

 la relación incestuosa o abusiva por parte de un adulto de la familia. No se ha encontrado tampoco una relación directa entre embarazo precoz y prostitución. Es una situación mediada nuevamente por el tipo de relación familiar. Porque también puede llevar a una mayor dependencia de la familia, así como puede ser el hecho que favorece la ruptura de la dominación del abusador y el inicio de un proceso de distanciamiento. De todos modos la marca en la vida de una niña, que ha sufrido abuso incestuoso, o abuso por parte de otro adulto, sumado al embarazo seguramente deja marcas en la subjetividad. Pero con relación a la prostitución de niñas, está claro que son embarazos forzados (al menos no elegidos) y que pueden provocar dos situaciones opuestas: la expulsión de la familia como por el contrario una mayor dependencia familiar. En los relatos que conforman el corpus de esta investigación, se han encontrado ambas situaciones.

Por otra parte hay que señalar que no todos los embarazos han sido producidos en el marco de relaciones abusivas intrafamiliares. En estos casos, también se producen situaciones que no pueden ser enfrentadas ante la familia determinando la salida del hogar. En otros, al ser enfrentada produce situaciones de violencia, maltrato que pueden determinar su expulsión o una demanda de asumir responsabilidades económicas y el ser prostituida para mantener al hijo. 

El tema del embarazo es por otra parte mucho más amplio. Ya que las adolescentes prostituidas pueden quedar embarazadas por sus clientes o proxenetas. En éste último caso aumenta la relación de dependencia del proxeneta. Pero este tema no ha sido indagado con la profundidad que merece en esta investigación y debe ser, sin duda,  tema a profundizar en futuras investigaciones. Aparentemente el embarazo es menos probable en burdeles y otros espacios cerrados donde se controla esta situación y se evita la procreación y se las hace abortar.

Cabe señalar sin embargo que los embarazos y los niños productos de esos embarazos,  acrecientan la dependencia de las niñas con relación a su modus vivendi, a los explotadores y en algunos casos aumenta también la dependencia en relación a sus familias, que se ocupan de la crianza de esos niñitos.

 

 

CONTEXTO 2.  POBREZA

Los hallazgos de la investigación en cuanto a las historias y características de las niñas y niños prostituidos, permiten replantear algunas imágenes firmemente establecidas en el imaginario social,  fundamentalmente la que establece una asociación única de la prostitución infantil con la pobreza. Si este el punto de partida, es lógico que al salir al campo a investigar se encuentre lo que se busca. Si bien es probable que numéricamente haya más niñas y niños prostituidos que provienen de los sectores más empobrecidos, (simplemente porque los pobres son más numerosos) la dinámica que se establece entre prostitución y pobreza es más compleja y como ya se ha dicho está sobreimpresa con otras estructuras  y también con otros aspectos o dimensiones - entre ellas el rol de la familia, y otras instituciones intermedias. Si se parte de la premisa que la pobreza es el determinante más importante, se va a encontrar seguramente esa asociación. Pero esto reduce mucho la verdadera dimensión que la prostitución infantil tiene en nuestro país y seguramente en otros países también.

En primer lugar  priorizar el determinante económico sobredetermina de modo limitante “qué” se investiga, y cómo se investiga impidiendo el conocimiento de otras formas y modalidades de la prostitución infantil y juvenil en otros sectores sociales.

Está muy claro que la prostitución tiene una dimensión económica, y que en casi todos los casos es considerada un “trabajo”, por los involucrados. Pero aún en el caso de considerar sólo ese conjunto heterogéneo que son “los niños de la calle” (grupo frecuentemente escogido para estudiar esta problemática de manera primordial) cuyo número está creciendo indudablemente[4] , no puede reducirse el reclutamiento de niñas/os para la prostitución sólo a ese sector, como tampoco a los niños sometidos a condiciones de pobreza.

Las políticas neoliberales no sólo han incrementado los niveles de pobreza sino también han determinado un descenso de status social y económico en sectores de todas las clases sociales. Ese descenso ha afectado a  todas las familias y particularmente a las más vulnerables en su cohesión afectiva, sin distinción de clase y acentúa los problemas que ya existen en las familias. El reclutamiento para la prostitución como se ve a través de las entrevistas  se nutre de niños “expulsados” por familias sin distinción socioeconómica: familias violentas, desintegradas, autoritarias, negligentes, o explotadoras. Y se puede advertir en las entrevistas, el desamparo de las niñas/os no siempre está asociado a la pobreza, y cuando lo está, no siempre es un emergente de ella. El propio desamparo, las situaciones “sin salida” que viven las niñas/os están más relacionadas con la imposibilidad de obtener ayuda, de quienes deberían darla, la familia, el Estado, la comunidad, que no de un desamparo económico, que en realidad es sólo una de las consecuencias de este abandono de la infancia. 

Otro efecto de las políticas liberales ha sido el de aumentar la brecha entre ricos y pobres con el consiguiente aumento del consumo y la demanda suntuaria de los ricos y de la oferta destinada a satisfacerla. La prostitución no ha quedado al margen de este proceso y la prostitución lujosa ha crecido. El “mercado sexual”, requiere cuerpos que no se limitan a las de alguna clase social en particular y además implanta una mayor diferenciación y selectividad de la demanda. Los cuerpos infantiles y adolescentes se encuentran entre los que son requeridos de modos cada vez menos encubiertos.

Aunque en todas las regiones se pudo acceder con más facilidad a los circuitos de prostitución callejera o de prostíbulos pobres, los datos son concordantes en que el origen socioeconómico no es homogéneo. Aún en los circuitos de prostitución callejera, y en modalidades pobres es posible observar que hay niñas/os y adolescentes que provienen de familias de clase media o asalariadas, con ingresos estables. Más claramente en circuitos de prostitución lujosa o burguesa fue posible detectar casos en los que las niñas[5] y adolescentes provienen de familias de clase media y clase alta. Durante el desarrollo de esta investigación se tomó conocimiento de la existencia de estudiantes universitarias en circuitos de prostitución burguesa y de lujo. El límite de edad (18 años) que se estableció para esta investigación determinó que no se incluyera este grupo. (por otra parte, se trata de modalidades de difícil acceso). Pero se trata de jóvenes, algunas que entraron en circuitos de prostitución más tempranamente de una forma más casual, informal y esporádica, pero para sostener un ingreso regular tienen que establecer contactos con organizaciones que les derivan clientes o armarse una estrategia para establecer contactos (amigos, conocidos, circuitos boca a boca, etc)

 

 

ROL DE LA FAMILIA

 

“Me vigilaban, me volvían loca.. mi mamá me amenazaba, me llevaba a la Iglesia. Decía que me iban a sacar el diablo del cuerpo”/mi papá me cagó a golpes (cuando) me vio vestida de mujer/mi papá me cagaba a palos, me dijo que un hijo así mejor muerto/a los 7 (años) me violó mi padrastro/ (mi hermano) está en la cárcel, mi papá me dice que me va a mandar ahí, pero yo ahí ni loco, yo me voy, me voy a la mierda/me gritaban 12 años y tan puta (por mi novio) lo peor es que no me dejaron ir más a la escuela, .. me vigilaban, me volvían loca/ yo tenía problemas con mi mamá, con mi papá, con todos mis hermanos/mi viejo se peleó con mi vieja cuando yo tenía 7 años, y ella se fue, nos dejó, nos crió mi papá me reventaba y yo me fui/ mi mamá me dijo que ‘esa vida’ en su casa no la iba a hacer y yo le dije, bueno, está bien y me fui/ vivo con mi papá y mi mamá, y ayudo en mi casa... piensan que trabajo en un boliche pero se la deben imaginar/

(Collage de frases de las entrevistas)

 

La relación entre tipo de familia e iniciación en la prostitución, no es sencilla de establecer. Al menos no puede establecerse una relación directa o causal ni tampoco definir un tipo de familia como más determinante que otra. Aunque si puede concluirse que hay situaciones diversas que generan la expulsión o abandono de las niñas/os. Las situaciones más típicas que se han encontrado pueden resumirse en la siguiente tipología:

·        Familias violentas : se trata de familias en las que existe maltrato y/o abuso sexual, o incesto.

 

·        Familias desintegradas : ya sea por ausencia de padre o madre (por muerte, abandono, separación, enfermedades, etc.) o aunque estén presentes ambos, son familias con dificultades para la contención material y/o afectiva. y cada cual se arregla como puede, el niño o la niña no encuentra contención, ni modelos, ni límites. Nadie se ocupa ni preocupa por ellos, se intenta usarlos y no encuentran ni afecto ni incentivos dentro del núcleo familiar.

 

·        Familias autoritarias : familias represoras, excesivamente controladoras o que explotan laboralmente a los niños o que los obligan a hacer lo que no quieren. En esta categoría podría incluirse aquellas niñas que son castigadas por su sexualidad, o niños rechazados por su homosexualidad, o que son obligados a llevar un determinado tipo de vida, a trabajar, etc. y que prefieren dejar el hogar para tener un cierto grado de libertad, o al menos una libertad que no tienen en sus casas. El autoritarismo abusivo, paterno o materno, al limitar sus salidas o pretender dirigir sus vidas, la incompatibilidad con ciertas rutinas, como ir a la escuela, una escuela que no es atractiva, trabajar en la propia casa o en casas ajenas en tareas que son consideradas degradantes, aprender un oficio que no gusta, tener que hacer tareas en beneficio de la madre o el padre, son algunas de las causas que aparecen justificando el irse de casa de los niños, aunque no necesariamente sean la causa. En muchos casos, el hogar suele presentarse entonces como el lugar del maltrato o el de una vida indeseable, un espacio inhabitable, sin atractivos, que ha devenido en intolerable y ya no puede ser soportado. Aparece frecuentemente la expulsión explícita de los niños con pretextos varios: la desobediencia rebelde, pretender tener novio si es mujer, querer ser mujer si es varón; no querer trabajar en lo que se les propone, etc.

 

·        Familias negligentes : se desentienden de las niñas/os, los dejan librados a su suerte. Desinterés y abandono por parte de la familia. En algunas ocasiones puede ser la consecuencia de la muerte o ausencia de la madre. O del padre que por circunstancias diversas no se hacen cargo de las/los niñas/os y adolescentes

 

·        Familias explotadoras : familias prostituyentes. Pueden ser directamente coaccionados por los adultos –madres, padres- hermanos- a prostituirse.

 

·        Familias en la que madres o hermanas están en prostitución. Se han encontrado en la población estudiada niñas que pertenecen al ambiente prostibulario,: hijas de madres prostitutas, incluso madamas y aunque no son prostituidas por ellas (más aún en algunos casos las madres no quieren que estén en prostitución), estas niñas se sienten atraídas por ese mundo al que se integran, y que ha sido o es el ambiente en el que se han desarrollado.

 

Cada uno de estos tipos de familia, puede darse en distintas clases sociales.

Respecto de la situación de inclusión / exclusión, familiar, puede advertirse que la niña o el niño puede ser prostituido sin ser excluido del núcleo familiar, e incluso puede serlo directamente por madres o padres, o en situaciones en que son abandonados a su propia suerte. Inclusión / exclusión, son dos condiciones opuestas que pueden exponer a niñas y niños a ser prostituidas/os.

El ser prostituida/o en el marco de la familia, o en situaciones en que no han sido excluidos  puede derivar posteriormente en la auto exclusión de los niños, que muy a menudo van a preferir seguir siendo prostituidas/os fuera del control y la dependencia familiar.

Hay pues para esos niños la alternativa de una seducción-inducción familiar a ser prostituidas/os (la situación de riesgo está dentro del núcleo familiar), y otra exterior de igual carácter que se presenta a posteriori de la primera o es iniciática cuando los niños han sido expulsados del núcleo familiar y están en situación de desamparo.  

En ambos casos se dan relaciones afectivas entre el niño y el ambiente familiar o el grupo en el que se ha incluido, que hacen más soportables el sometimiento o el ser prostituidos. Esas relaciones afectivas se dan incluso en situaciones de mucho sometimiento para los niños y con escasas alternativas para poder cambiar la situación y modo de vida. Es importante al respecto distinguir los grados de coerción a los que están sometidos los niños para determinar su nivel de sufrimiento, disgusto, rechazo, conformidad o no cuestionamiento de la situación en la que viven.

Respecto de las/os niñas/os que relatan situaciones expulsivas, o de negligencia es muy difícil determinar a partir de los relatos hasta que punto estas situaciones no se han conjugado con otras que no están en el relato. Dado que se trata en muchos casos de relatos muy fragmentarios.

Las niñas y niños entrevistados de las distintas regiones provienen de familias muy variadas en cuanto a características de estrucutura y psicosociales: hay quienes provienen de familias numerosas, pero también de familias pequeñas, con ambos padres o monoparentales; donde ha habido cambios –separaciones, divorcios, etc. pero también de familiar donde no hubo rupturas -, de distintos sectores sociales.

 

LA ESCUELA

Los niños y niñas prostituidas han dejado en general de concurrir a la escuela y en algún caso aislado en que han intentado regresar, la burocracia escolar se los impide.

La escuela podría tener intervención en las situaciones en las que no hay contención

familiar, o en caso de familias violentas, pueden tener un rol fundamental en la detección y tratamiento de situaciones (violencia, negligencia, incesto, abuso, etc.) que pueden fragilizar a las niñas y niños y hacerlos vulnerables y “captables” para posibles explotadores y proxenetas. Luego la acción de la escuela se torno más difícil porque una vez iniciados en la prostitución niñas y niños abandonan la escuela. Son parte de los niños que luego aparecen en las estadísticas de “deserción escolar”,deserción a la que se la vincula con la pobreza y no se toma muchas veces en cuenta todas estas otras situaciones. Debe cuestionarse la idea de “deserción” del mismo modo que debe ser cuestionada cuando el niño/a se fuga del hogar. No hay deserción sino exclusión en la medida en que hay una incapacidad de satisfacer en la escuela, como en la familia, las necesidades afectivas e intelectuales de los niños. En la escuela es notoria la adecuación de prácticas educativas a cierta clase de niños “normales” y  por lo tanto discriminatorias, e ineptas para retener a los llamados “chicos con problemas” de cualquier clase social.

Por otra parte dado que la iniciación a la prostitución coincide con la pubertad y la adolescencia, edad en que se produce el proceso de reclutamiento más importante, la escuela media podría tener un rol, de prevención en primer lugar y de detección en casos concretos. Hablar de prevención en un sentido amplio: tanto para quienes son prostituidos como para los prostituyentes: es decir, clientes por ejemplo.

En la escuela primaria, en los casos en que una situación de prostitución sea detectada no es mucho lo que pueden hacer. En los últimos años, en los que comenzó a visibilizarse más el abuso sexual infantil, se recurre más frecuentemente a la Justicia. Sin embargo, por un lado, dada la forma en que la Justicia interviene, muchas docentes o las autoridades escolares, dudan en hacer la denuncia a pesar de que teóricamente es obligatoria). Por otro lado, no se diferencia claramente la situación de abuso sexual de situaciones de prostitución. Finalmente la inexistencia de recursos eficaces en otras instancias institucionales suele terminar en la falta de intervención.

 

EL CONTEXTO SOCIAL

Cuando los niños no son “contenidos por sus familias intentarán organizar su vida en otros espacios. Muchas veces son sus pares –grupos de jóvenes, amigos que se convierten en el grupo básico de pertenencia. Cualquiera sea el nuevo ambiente que los contenga terminarán por reconstruir en ese ámbito,  nuevas relaciones de afecto-desafecto y nuevas relaciones de dominio y dependencia. En la calle, o en los ambientes prostibularios, o de jóvenes,  se establecen relación de protección, de dominio y sometimiento, produciéndose a veces relaciones de proxenetismo. Es en estos ámbitos donde proxenetas profesionales suelen reclutar. Muchas veces contrariando la voluntad familiar. A veces intervienen relaciones de dependencia marcadas por la dependencia de la droga, de consumo y tráfico.

Frente a situaciones de maltrato y dependencia que se establecen en estos nuevos espacios de interacción, cabe la pregunta de porque lo soportan. No hay una respuesta fácil. Por un lado la dependencia y el dominio no son fáciles de sortear y por otra parte, podría pensarse que estas niñas y niños establecen un paralelo entre la vida familiar que han dejado atrás y la que la reemplaza. Entre su sometimiento anterior y el nuevo, entre su situación de dependencia familiar y la libertad –relativa- de que gozan en sus nuevas situaciones; entre el trabajo al que pueden acceder (para muchas adolescentes el trabajo doméstico mal pago y esclavizante) y las “luces” de la noche, la vida nocturna, “bolichear”,  la calle, el prostíbulo, etc. “escogen” ¿el mal menor?, o lo que algunos discursos denominan vida fácil, dinero fácil, diversión, ....

En algunos niños que son prostituidos el retorno al modelo burgués y normalizado (familia, escuela, etc.) no es imposible: pero es rechazado por ellos. Lo que en verdad rechazan no es el retorno a una vida ordenada y segura, es el regreso bajo ciertas condiciones que son para ellos de sometimiento, de sufrimiento y que han sido sustituidas por nuevas relaciones y una sensación de libertad, de haber elegido, y de familiaridad con su habitat actual. En esta nueva situación, la vida en familias sustitutas, en institutos, representa el sometimiento a otras normas, al trabajo y a valores que no son para ellos fácilmente aceptables (para las niñas cocinar, lavar, ordenar, ocuparse de los niños, hacer las compras, atender a los hombres, ir a la escuela, para los varones aprender un oficio, someterse a horarios, no poder moverse libremente, etc.)  Muchas situaciones son similares para ambos sexos. Sin embargo algunas situaciones marcan diferencias: embarazo, homosexualidad, división sexual del trabajo, entre otras


 

[1] Florence Montreynaud, “La prostitution, un drot de l’homme? En Manière de voir 44, Le Monde Diplomatique, marzo–abril de 1999, Francia.

[2] Hay tres menciones sobre prostitución lesbiana, pero se trata de dos situaciones indirectas, y aisladas, y sólo en un caso se refiere a una niña. Lo que es mas frecuentemente mencionado es la demanda por parte de clientes varones de servicios que incluye a dos mujeres o de parejas. Pero en general se trata de prostitución adulta. Son muy pocas las referencias también a demanda de sexo prostituido por parte de mujeres. Que no haya sido detectado en este estudio probablemente esté diciendo que no es la más frecuente,

[3] En el informe final para Brasil de la investigación “A explaraçao sexual de meninos e meninas ena América Latina e no Caribe” realizado por Maria Lúcia Pinto Leal en diciembre de 1998 se señala que “La violencia sexual puede ocurrir en el en el ambiente intra-familiar y extra-familiar. La explotación sexual familiar ocurre en redes de prostitución, pornografía, redes de tráfico y turismo sexual. La violencia intra-familiar y extra-familiar, no son, en sí, determinantes del ingreso del niño/a y del adolescente en las redes de la explotación sexual comercial (...) La desigualdad estructural de la sociedad brasilera está constituida no sólo por la dominación de clases, sino también por la género y raza. Y también está marcada por el autoritarismo en las relaciones adulto/niño.”

[4] CAINA –Centro de Atención Integral a la Niñez y la Adolescencia-  Informes anuales, Buenos Aires, mimeo, 1997 y 1998. Los registros de esta institución y las apreciaciones que realizan los profesionales que en este centro trabajan, así como obervaciones directas permiten pensar que hay un número creciente de niños de la calle, así como también un número creciente de niños pobres (aumentan correlativamente con las cifras de incremento de la pobreza) pero de esto no se puede inferir que la población prostiutida se haya incrementado (porque no hay datos de los cuales partir como base) ni tampoco, si así fuera, que provengan de los sectores pobres.

[5] Nos referimos sólo a niñas, porque esto es lo que se ha podido observar. No se ha obtenido  información en relación a varones.