X. LA ADAPTACIÓN
Este aspecto es fundamental, al igual que el del reclutamiento, del que es indispensable complemento, para hacer un buen diagnóstico de la prostitución infantil y para poder pensar las alternativas de intervención contra estas prácticas.
Es necesario mostrar y evidenciar los modos en que los diversos actores entrevistados en esta investigación muestran de que manera unos y otros, prostituidos y prostituyentes, así como funcionarios de instituciones intervinientes, han naturalizado, internalizado las prácticas que son objeto de este estudio.
Factores tales como la idea de que la prostitución es un “trabajo”, similar a otros, y una estrategia de supervivencia tan válida como cualquiera, de que tiene en cierto casos un rendimiento mayor o al menos igual al de otros oficios, en condiciones consideradas a menudo como más libres, excitantes, dotando a quienes la ejercen de ciertos poderes, la posibilidad de alternar en ciertos ambientes de la noche, o bien incluso como en el caso de los burdeles el proveer de seguridad, alojamiento, atención sanitaria, etc. contribuyen a combatir y disipar la imagen de que la prostitución es una práctica violenta, violatoria de derechos humanos, con un sometimiento coercitivo constante y cruel.
Si bien en este trabajo aparecen situaciones de sometimiento denigrante y sin salida para niñas, niños y adolescentes explotados y prostituidos, también aparecen situaciones en que procesos simultáneos de adaptación, negación y resignación se conjugan para problematizar ciertos tipos de intervención, bien intencionadas quizás, pero condenadas probablemente a lograr efectos no deseados, que no mejoran la situación de niños y niñas prostituidos.
La adaptación implica procesos de insensibilización y negación para no enfrentar la realidad, para no sentir lo que hacen cuando prestan servicios sexuales. Significa para muchos la incapacidad para hacer otra cosa que lo que hacen, a pesar de que en muchos casos exista un proyecto o deseo de cambio (ilusionar con un futuro distinto). Pero una vez que un niño o niña han sido prostituidos salir del círculo en que han entrado es sumamente difícil.
La adaptación implica procesos psicológicos de autodefensa para poder tolerar lo intolerable, la alienación corporal, el sometimiento a una voluntad ajena, el asco, la propia degradación. La adaptación implica generalmente recuperar a otro nivel lo que se ha perdido, significa como una nueva cosmovisión y una nueva perspectiva de lo social y de la vida donde se anudan relaciones de dependencia y adicción. Por ejemplo recuperan ciertos micro-poderes - en su ambiente, con los clientes, con la familia, etc.- dentro de una situación que implica carencia y enajenación severa de poder sobre la propia vida.
Son muchos quienes consienten en seguir por que piensan que podrán salir del ambiente en algún momento. Pero más allá de que lo logren, y algunos, no sabemos cuantos, lo logran a cierta edad, - y tampoco se sabe a que precio- lo cierto es que la sociedad, a través de sus instituciones gubernamentales y no gubernamentales no ofrece actualmente salidas alternativas convincentes y atractivas para dejar de ser prostituidos.
La resistencia al cambio de los supuestamente beneficiarios del salvamento que suelen ofrecer a las instituciones, incluso a las mejor intencionadas tales como algunas religiosas, muestran claramente las dificultades. Si bien puede aducirse que las soluciones no son generalmente las adecuadas hay que reconocer que una vez que el daño ha sido consumado las soluciones no son simples y no dependen sólo de las buenas intenciones. Uno de los problemas es que salvo casos extremos de extremo desamparo, enfermedad, crueldad, los niños y niñas desconfían de quienes se les acercan y se resisten a ser ayudados. Las enfermedades como la sífilis, el SIDA u otras de transmisión sexual por ejemplo son situaciones que obligan pedir ayuda, también lo son ciertas situaciones de extrema explotación excepcionalmente detectadas, en que la intervención judicial es obligada, pero fuera de algunas de estas situaciones se encuentra siempre con la resistencia de los asistidos y por tal razón algunas instituciones se limitan a ofrecer amparo ignorando el tema de la prostitución por temor a que los asistidos huyan.